¡DESPIERTA!
"Cada tres minutos, una
mujer es golpeada. Cada diez minutos, una niña es acosada... Cada
día aparecen en callejones, en sus lechos, en el rellano de la
escalera, cuerpos de mujeres". Esto escribía hace casi cuatro
décadas la poetisa afroamericana Ntozake Shange, y después de tanto
tiempo y en pleno siglo XXI siguen muriendo cada día mujeres por
violencia machista.
La sociedad que hemos creado y en la
que vivimos es la culpable de este problema , ya que se caracteriza
por ser una sociedad protegida por la ignorancia, una sociedad que
sigue enmudecida y en la que prima la desigualdad. Por lo tanto,la
violencia contra las mujeres es una expresión de la relación de
desigualdad entre ambos sexos. En
el momento que se considera que los hombres son superiores a las
mujeres, y pueden ejercer el poder contra ellas, se están
vulnerando los derechos fundamentales de las mujeres y la única
opción para erradicar de forma definitiva la violencia machista es
atacar su causa: la desigualdad. Esa que impide huir a las mujeres
porque no tienen a donde ir, la que les tapa la boca con el miedo y
la soledad para que no denuncien.
Esta injusticia conlleva a que
cada día y en todos los lugares del mundo, las vidas y los derechos
de millones de mujeres están en peligro debido a abusos relacionados
con cuestiones de
género.
Los datos disponibles sobre la
situación de la mujer en países subdesarrollados nos indican que
allí la situación es aún peor. En sus vidas cotidianas, en el
núcleo familiar, como ciudadanas, se enfrentan a una variedad de
abusos que han quedando a menudo impunes.
En la actualidad, 130 millones de
niñas y mujeres vivas hoy en día han sufrido mutilación genital
femenina y 5.000 mujeres mueren cada año como consecuencia de los
denominados “crímenes de honor” cometidos por miembros de sus
familias.
En
definitiva, no podemos permanecer impasibles ante esta injusticia:
hay que denunciarla y apoyar a las víctimas, ya que no se puede
luchar desviando la mirada hacia otro
lado, y saber que la
desigualdad da paso a la violencia machista, que es la consecuencia
y la manifestación más intolerable de la discriminación sexista.
Por eso, trabajar por la igualdad es luchar contra este problema. Así
mismo, hay muchas pruebas que confirman que promover y defender los
derechos humanos de la mujer hace avanzar a las sociedades y ofrece
una oportunidad para la reflexión sobre esta cuestión y, lo que es
más importante, sobre cómo hacer frente de una forma efectiva a
esta injusticia global.
Carla Vecino Alonso
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