domingo, 20 de enero de 2013

Artículo de Opinión

¡DESPIERTA!


"Cada tres minutos, una mujer es golpeada. Cada diez minutos, una niña es acosada... Cada día aparecen en callejones, en sus lechos, en el rellano de la escalera, cuerpos de mujeres". Esto escribía hace casi cuatro décadas la poetisa afroamericana Ntozake Shange, y después de tanto tiempo y en pleno siglo XXI siguen muriendo cada día mujeres por violencia machista.

La sociedad que hemos creado y en la que vivimos es la culpable de este problema , ya que se caracteriza por ser una sociedad protegida por la ignorancia, una sociedad que sigue enmudecida y en la que prima la desigualdad. Por lo tanto,la violencia contra las mujeres es una expresión de la relación de desigualdad entre ambos sexos. En el momento que se considera que los hombres son superiores a las mujeres, y pueden ejercer el poder contra ellas, se están vulnerando los derechos fundamentales de las mujeres y la única opción para erradicar de forma definitiva la violencia machista es atacar su causa: la desigualdad. Esa que impide huir a las mujeres porque no tienen a donde ir, la que les tapa la boca con el miedo y la soledad para que no denuncien.

Esta injusticia conlleva a que cada día y en todos los lugares del mundo, las vidas y los derechos de millones de mujeres están en peligro debido a abusos relacionados con cuestiones de
género.
Los datos disponibles sobre la situación de la mujer en países subdesarrollados nos indican que allí la situación es aún peor. En sus vidas cotidianas, en el núcleo familiar, como ciudadanas, se enfrentan a una variedad de abusos que han quedando a menudo impunes.
En la actualidad, 130 millones de niñas y mujeres vivas hoy en día han sufrido mutilación genital femenina y 5.000 mujeres mueren cada año como consecuencia de los denominados “crímenes de honor” cometidos por miembros de sus familias.


En definitiva, no podemos permanecer impasibles ante esta injusticia: hay que denunciarla y apoyar a las víctimas, ya que no se puede luchar desviando la mirada hacia otro lado, y saber que la desigualdad da paso a la violencia machista, que es la consecuencia y la manifestación más intolerable de la discriminación sexista. Por eso, trabajar por la igualdad es luchar contra este problema. Así mismo, hay muchas pruebas que confirman que promover y defender los derechos humanos de la mujer hace avanzar a las sociedades y ofrece una oportunidad para la reflexión sobre esta cuestión y, lo que es más importante, sobre cómo hacer frente de una forma efectiva a esta injusticia global.




Carla Vecino Alonso

No hay comentarios:

Publicar un comentario